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lunes, 22 de agosto de 2011

Frente a Frente con el Comandante Clomro (1997)

La mítica aparición en TV del Comandante Clomro, quien afirmaba ser un Extraterrestre, el 24 de Junio de 1997, al cumplirse los 50 años de lo que los terrícolas llaman la «Era Moderna de los Ovnis», y que deberían llamar «Era Moderna de la Presencia Alienígena en la Tierra».

Duración Total: Casi una hora (propaganda incluída).


Frente a Frente con el Comandante Clomro

sábado, 18 de abril de 2009

1986: La Llegada de Clomro

EL ANTERIOR USUARIO DEL CUERPO QUE UTILIZO
Por el Comandante Clomro



CARACTERÍSTICAS Y FUNCIONES

La entidad que vivió todo lo que mis archivos de memoria registran desde que tomé el cuerpo que usó, tenía características y funciones muy definidas, dentro del programa que le fue asignado. Ese programa fue interrumpido cuando fue provocada su salida del cuerpo, razón por la cual, como al reemplazarlo me dieron un programa diferente del suyo, mis acciones irían a tomar cursos diferentes del que hubiera seguido la entidad si continuaba en este cuerpo. Obviamente, yo no estaría aquí haciendo lo que hago.



PROGRAMACIÓN

Si bien no se trataba de una entidad cuya mente física tuviera tendencia al mal, su programa a cumplir implicaba el desarrollo de funciones nada buenas. Por un lado, preservando los intereses de los planificadores de este mundo. Por otro lado, cumpliendo acciones no visibles ni claramente identificables ni siquiera por sí mismo en contra de la misión del grupo contactista al cual estaría programado para conocer e ingresar. En lugar de programar una entidad «espía» y conscientemente saboteadora de esa misión, la estrategia sería infiltrar una entidad cuya mente física aceptara como verdadero el mensaje cósmico del grupo contactado y deseara integrarse a él para cooperar con la causa. Mientras tanto, operaba para el otro bando con su parte energética o «espiritual», cuya mente funcionaba por separado de la otra (todos estamos desdoblados, teniendo como un «otro Yo» espiritual). Es decir, una buena persona con un alma no tan buena, o viceversa. Sin embargo, esa «alma» no era ni buena ni mala (en ese sentido yo tengo más maldad y más bondad que ella), porque se trataba de una entidad perteneciente a un tipo que, desde el momento de su «creación», no cumple procesos evolutivos basados en el sentir. Entidades de ese tipo son creadas sin sentimientos, para el cumplimiento de funciones que requieren lógica extremadamente precisa y toma de decisiones que no sean interferidas por emociones. Así como fabricamos máquinas de metal y plástico con «inteligencia artificial», en el cosmos pueden ser fabricadas máquinas de energía viviente, con «inteligencia natural»: propia. Tienen su hardware, pero también su propio software en potencia, por más que le sea instalado uno para fines específicos. Por eso pueden efectuar no sólo operaciones previstas por sus programadores, sino las que decidan por su cuenta. Producto de esto hubo casos de desprogramación a niveles tan imprevistos como el de una de estas entidades que, por contacto con variables fuertemente cargadas de estímulo energético de amor, comenzó a experimentar sentimientos, hasta dejar de ser «robótica». No olvidemos que pese al formato que se le dé a una entidad y al bloqueo que se le haga a sus potencialidades de sentir, éstas son inherentes a la esencia de toda entidad, desde el máximo Creador hasta la mínima partícula subatómica.


EMOCIONES

Cuando las entidades robóticas como la que poseía mi actual físico, son puestas en cuerpos humanos, su proyección mental en el plano tridimensional adquiere sensaciones y emociones que fuera de la materia no pueden poseer, y que la parte desdoblada que queda fuera del cuerpo físico, controlándolo, no posee, continuando con sus funciones lógicas, frías y precisas. Mientras que su parte operando mentalmente en el plano humano puede tener sentimientos y cometer imprecisiones. No obstante, siempre serán individuos de tendencia a la lógica, la precisión, la frialdad y dificultad de expresión de sentimientos, e incluso imposibilidad de sentir amor a niveles cósmica y espiritualmente elevados, llegando a experimentar apenas las pasiones humanas. Ejemplo de ellos son científicos, especialmente médicos y más en especial cirujanos; físicos, matemáticos, militares...


EL REEMPLAZO

La infiltración de esa entidad en el grupo contactista, no pudo ser detectada durante más de dos años, entre fines de 1983 y la noche del 20 de abril de 1986, en que fue descubierto quién era realmente. Debido a que su parte humana era considerada como «buena», en lugar de echar del grupo a quien estaba en este cuerpo que ocupo, con cuerpo y todo, fue decidido que el cuerpo y la mente permanecieran, siendo reemplazada la entidad ocupante. Solicitado el envío de un reemplazante que viniera con un programa positivo a cumplir, sucedió lo de mi descenso «por el batitubo», la transferencia de memoria «de cassette a cassette», y mi entrada al cuerpo. Es decir, tomo consciencia de que estoy entrando al cuerpo luego de un paréntesis de segundos que quedó registrado en mi memoria, en el cual hubo pérdida de conciencia, de toda sensación de existir. Fue eso lo que le pasó a la entidad saliente en el momento de abandonar el cuerpo: recuerdo la salida, como flotando, y la interrupción de la conciencia al desprenderse. El cuerpo estaba de pie y no cayó sin vida al piso al ser abandonado, porque durante los segundos de transición entre su salida y mi entrada, fueron mantenidas sus funciones vitales al ser gobernado por una persona que fue quien operó el procedimiento por el que se produjo el reemplazo. Esta operación la realizó por medio de poderes de esa persona que, hasta ese momento, ninguno de los que estábamos allí teníamos idea de que pudieran existir.


NUESTRAS FORMAS EN EL ASTRAL

La persona en cuestión era capaz de muchas cosas a niveles extradimensionales y energéticos; tenía trato y comunicación habitual con esa otra parte de nosotros que tenemos fuera del cuerpo y que tiene su propia mente, su propio código de comunicación y las memorias conscientes de sus vidas pasadas. Varios miembros del grupo, al igual que esta persona, llegaron a ver con sus propios ojos esta otra parte que tenemos. Generalmente, adopta horripilantes formas, mimetizada con el Bajo Astral que nos rodea. Si adoptara formas de diamantes, de flores o de pavos reales, duraría poco hasta ser atacada por monstruos energéticos que no permitirán que nada identificable con la luz y la armonía pueda existir entre la fealdad y oscuridad espiritual de esa dimensión; las entidades de formas horribles no tolerarían la presencia de otras que se distinguieran de ellas por tener bellos atributos.

He llegado a ver una de esas entidades y unas cuántas extrañas formas vivientes de ese Astral inferior, y doy fe de las monstruosidades que nos rodean y que estamos visualmente bloqueados de ver, seguramente para que no nos suicidemos o enloquezcamos. Eso somos en nuestro «otro Yo» extracorporal: monstruos energéticos y no resplandecientes ángeles. Las auras de nuestros campos bioeléctricos no tienen nada que ver con lo que estoy describiendo. El mundo físico es mucho más bello —pese a todo lo malo— que el mundo extramaterial que, con sólo fijar la vista cuando tenemos sueño, empezaremos a distinguir que realmente está a nuestro alrededor y que no es ninguna «ilusión óptica» o «alucinación».


LUEGO DEL REEMPLAZO

La persona en cuestión, entonces, podía ver a las entidades que son nuestra otra parte y hablar con ellas telepáticamente. Eso incluyó a quien poseía el cuerpo en que estoy, a quien terminó por descubrir y forzar a irse, a lo cual se resistió, pero sin éxito. Aquí estoy, producto de ello. No soy una entidad «cibernética» o robótica como la anterior, sino un ente con naturales facultades de sentir y creado para evolucionar dentro de la experiencia del Amor Universal. Sólo que en etapas existenciales anteriores a la actual, perdí el rumbo e involucioné en una experiencia ajena al Amor Universal y a sus leyes para la evolución. Así que entre el que estaba en este cuerpo y yo, el mas «malo» no era él. Pero el más capaz de ser «bueno», tampoco él lo era. Tratándose de un robot energético operando más allá del bien y del mal, no tengo nada que decir de él ni en favor ni en contra.
Como circunstancia desfavorable al heredar su mente física, me encuentro con una serie de limitaciones emotivas y de consecuencias de ello a nivel de personalidad y de inconvenientes físicos nerviosos y otros, que en eso me ponen una carga que soportar. Pero lo favorable del legado mental de esa entidad, no tiene menos peso, sino todo lo contrario: no quisiera haber sido otro que yo mismo así como soy en este plano. A muchos les hubiera gustado más que fuera un Di Caprio, una Britney Spearce o un Bill Gates, pero la información, las aptitudes y las posibilidades que encontré en este cuerpo con la mente que me tocó, han sido algo excepcional. No es para admirarme a mí mismo ni admirar la mente elaborada por mi predecesor en este cuerpo; no es cuestión de admirar nada, sino más bien de razonar y sentir lo que significa disponer de todas las variables mentales y circunstanciales que han determinado lo que por mi intermedio vaya a hacerse posible, sin contar lo ya logrado. Al final, de Leonardo veo películas, de Britney escucho su música y de Bill uso sus invenciones. Si hubiera sido uno de ellos, no podría valorarlos desde afuera. Tampoco hubiera podido cumplir un papel como el que cumplo. Porque si me hubiera tocado ser uno de ellos, estaría en medio de aplausos, fama y dinero, pero no de lo que en este cuerpo tuve la posibilidad de vivenciar y hacer al respecto de una realidad oculta, sobre el mundo y el Universo, de la que los referidos personajes afamados acaso se enteren alguna vez y les importe.


OTROS CASOS

Hay muchos casos de entidades que han tomado un cuerpo reemplazando a la que estaba; por ejemplo, durante el sueño, durante enfermedades o en accidentes. En ese aspecto soy uno de los tantos. Pero la forma, consciente, de pie, en que fue hecha salir de un cuerpo físico la entidad ocupante, para hacer entrar a otra, por mediación de alguien que indujo y controló la transición con su propia mente y energía, ocurrió —según se me dijo— «por primera vez en el universo» en aquella noche del 20 de abril de 1986. Me tocó a mí. No me pregunten por qué se me eligió, y no a otro privilegiado. Días después, se le hizo lo mismo a otros dos. Después esto se dejó de hacer —al menos hasta donde supe— durante los años siguientes.

La inexistencia de antecedentes de un reemplazo tal, es una de las razones por las cuales suelen decirme que esto es imposible, que no puede ser cierto que haya ocurrido, porque sería «contradictorio con las leyes del karma», que «violaría el libre albedrío de la entidad que estaba en el cuerpo». No comprenden que esto se hizo justamente contra tales leyes kármicas y pese a toda ausencia de antecedentes, porque este mundo está siendo intervenido de tal forma, que han empezado a ocurrir acontecimientos que no responden a ninguna regla para esta clase de mundos, establecida por quienes los manipularon. Y, sobre todo, porque aunque acá abajo no se note, allá arriba hay una guerra con extensiones a nuestra realidad, donde pueden poner o sacar cada bando piezas del juego, contra el «libre albedrío» de quien sea que no quiera salir de un cuerpo. No hay tratado que valga en esta guerra: ambos bandos se toman atribuciones violatorias a sus respectivas reglas. El bando que ideó este mundo violó todas las Leyes Universales de la Evolución en el Amor. Así que si estableció «leyes kármicas y libres albedríos» según sus reglas, el bando que me envió a este cuerpo no tenía por qué no violar esas reglas, sacando a su usuario y poniéndome en reemplazo, según las reglas del Universo y no las de un mundo corrupto. Claro que, paradójicamente, en vez de poner en mi lugar a un Jesucristo ejemplar de la Ley Suprema, me ponen a mí, ex-cómplice de las reglas de este mundo y de toda la mentira aquí orquestada. Pero tal vez haya sido mejor elección que un Mesías: alguien tenía que venir a confesar sus pecados cósmicos y desenmascarar el gran engaño, porque mensajeros «de la luz», buenitos y santitos, con tal carta de presentación en sus prédicas, hubo y sigue habiendo demasiados.

Videos del Comandante Clomro

Algunos videos del Comandante Clomro, en YouTube.


Entrevista al Comandante Clomro (Parte 1)


Entrevista al Comandante Clomro (Parte 2)


Reflexiones sobre la Humanidad

sábado, 21 de marzo de 2009

Afinidades Cósmicas: ¿Es usted un Libre Rebelde?

¿Es usted un Libre Rebelde?

En lo que respecta a lo que usted piensa o siente respecto a los Extraterrestres, las Vidas Anteriores o la Manipulación Cósmica, tal vez nos parecemos un poco, o nos parecemos mucho, o tal vez usted sea uno de los nuestros, y nosotros de los suyos...

Considérelo, con estas reflexiones del Comandante Clomro.

Actualización (19 de Mayo del 2009): Éste video ya fue censurado una vez de YouTube, pero lo han vuelto a subir desde otra cuenta (acabamos de actualizar aquí el Código de Incrustación). ¡Apresúrate a verlo, antes de que los censuradores lo eliminen otra vez!


sábado, 24 de enero de 2009

Decálogo del Refutador

Fenómenos comprobablemente extraterrestres
CÓMO PROCEDE EL REFUTADOR PARA DESMENTIRLOS
La paradoja de la refutabilidad de lo irrefutable

Por el Comandante Clomro.


Ante cualquier caso OVNI cuyos testimonios y evidencias físicas puedan demostrar su naturaleza extraterrestre, es muy sencillo hacer que la gente dude o de plano no crea, y los refutadores saben muy bien cómo manejar la información para que eso suceda. Como «guía para el aprendiz de refutador» (escéptico y ocultador de la verdad), hay una serie de principios infalibles para desmentir casos, desprestigiar testigos y lograr incredulidad pública, que se han venido dando de Roswell en adelante. Para quien desee ser, desde abajo, un eficiente colaborador de los altos niveles de desinformación pública, aquí tendrá las orientaciones necesarias.


LOS DIEZ PRINCIPIOS DE LA ACTIVIDAD REFUTADORA

  • 1- EL PRINCIPIO DE TENDENCIA A LA POLÉMICA
    Si alguien presenta un testimonio, el público estará bien predispuesto a darle crédito sin objetar lo que diga, en tanto nadie presente una versión que ponga en duda su palabra. El refutador sabe que «llevar la contra» llama la atención (debido a la natural tendencia del público a prestar oídos a la polémica), por lo que cuenta con la ventaja de que su desmentida, por infundada que sea, colocará en duda los argumentos de la fuente a refutar, por sólidos y comprobables que ellos sean.

  • 2- EL PRINCIPIO DE MANEJO DE DATOS Y RUMORES FALSOS
    Convertir un tema por evidencias indiscutible, en arena de la discusión, no prosperaría, haciendo a esa arena estéril para el refutador, si ella no fuera irrigada y fertilizada con datos y rumores —verdaderos o falsos, no importa mientras sirvan al propósito— que induzcan al público a la duda o el descrédito. En caso de comprobarse la falsedad de los datos, el refutador, con sólo admitir «haberse equivocado», quedará libre de culpa, pero el daño ya estará hecho y habrá logrado su propósito de convertir en cuestionable al blanco de su ataque.

  • 3- EL PRINCIPIO DE NO OBLIGATORIEDAD DE VERIFICACIÓN DE DATOS Y RUMORES DE DESCRÉDITO
    Si las versiones que descalifican al testigo son ciertas o no, al refutador, el público no le exige que lo verifique, porque da por sentado que si está para refutar, usará cualquier argumento para mantener su oposición, por dudoso que sea. Como el refutador sabe que el público le da este handicap, lo aprovecha sosteniendo lo dudoso que desacredita al testigo hasta que del lado de éste alguien demuestre lo contrario. La «obligación» de demostrar la falsedad de los datos o rumores contra el testigo, para el refutador —y para el público— es tarea de aquél y de quienes lo apoyen.

  • 4- EL PRINCIPIO DE CONCESIÓN PÚBLICA DE FACULTADES PARA DESACREDITAR AL TESTIGO Y LA EVIDENCIA
    El refutador usa y abusa de cualquier trascendido infundado con que pueda cumplir su labor descalificadora, sin que nadie le exija un manejo serio y responsable de la información, porque él es conciente de que está públicamente conceptuado como ni serio ni responsable en tal manejo. El público le hace al refutador esa concesión, porque comprende que alguien debe cumplir el rol de aportar todos los elementos contrarios a lo que expone el testigo, siendo que la gente toma al refutador no como un evaluador de esos elementos, sino como mero instrumento para que ellos sean dados a publicidad y luego sean evaluados por quienes tengan la función de esclarecer el asunto. No se ve al refutador como un «esclarecedor», sino como alguien que propone otro punto de vista, que propicia la confusión, de la cual, duda mediante, deberá salir la claridad, pero no a través de él ni del testigo, sino de la referida «autoridad» cuya palabra final siempre quedará en suspenso. Y el refutador saca máximo provecho de esto, dejando para sus antagonistas la verificación de los datos, mientras que él se limita a divulgarlos sin necesidad de verificar absolutamente nada.

  • 5- EL PRINCIPIO DE IMPERSONALIDAD DE LAS VERSIONES DESCALIFICADORAS
    Si bien el refutador es públicamente considerado (por la mayoría) como un mediocre de mente cerrada, e inclusive en ciertos casos un agente encubierto de ciertas organizaciones ocultadoras de evidencias extraterrestres (sea esto cierto o no), no por eso lo que introduzca al debate sobre un determinado caso va a carecer de efectos devastadores para la credibilidad de lo que se discute. Porque llega un momento en que, para el público, en cuanto a datos o rumores contra lo atestiguado, no queda ni claro ni recordable quién lo dijo —es decir, el refutador, lo que sería suficiente para no creer en lo que él diga—; quedará como que «se dijo», no importará por vía de quién. Lo que el refutador dijo, ya no queda estrictamente ligado a su persona: asume autonomía, termina siendo «de nadie», algo impersonal dando vueltas de boca en boca, que no se sabe de dónde salió, pero que quedará instalado como una opción a tener en cuenta a lo largo de la discusión, incluso a lo largo de los años.

  • 6- EL PRINCIPIO DE DIFAMACIÓN
    Si el testigo es alguien de inobjetable calidad humana, y aparece un rumor que ponga en duda su reputación (y credibilidad), el refutador no comprobará la veracidad del rumor, y lo reproducirá. De toda versión que contradiga a ese rumor y que apoye la buena honra de la fuente, el refutador no hará la mínima mención.

  • 7- EL PRINCIPIO DE EXPLOTACIÓN DE DESMENTIDAS «OFICIALES»
    Si voceros gubernamentales, militares u otros hacen cosas tales como cambiar en el sitio del incidente aéreo, la evidencia de restos metálicos extraños (luego desaparecidos sin rastro...) por un globo sonda, o comunicar que el objeto zigzagueante era un nuevo prototipo de tal base aeronáutica, el refutador sabe que apoyando lo dicho por esas fuentes, no necesitará argumentos propios para oponerle al caso en cuestión. Por lo tanto deberá sacar partido de todo lo que «oficialmente» se comunique para desmentirlo. Esto le dará una imagen de «respetabilidad» (e inmunidad) por parte de las «autoridades», y le abrirá puertas en los medios de comunicación donde será considerado «serio», pese a que para el público esa complicidad con los poderes establecidos sea carente de toda seriedad investigativa.

  • 8- EL PRINCIPIO DE USUFRUCTO DE LA AUSENCIA DE AUTORIDAD CON VEREDICTO FINAL
    El refutador no tiene la mínima autoridad para desmentir una prueba: eso es algo que, según el público tiene entendido, debe ser determinado por alguna autoridad en la materia. Pero el refutador sabe que su tarea estará cumplida: habrá hecho que lo indiscutible fuera puesto en discusión, y con ello será suficiente para él, pues agitadas las aguas, por más que muchos le hayan creído al testigo, también serán muchos los que no sepan qué creer.
    Esa «autoridad» que la gente tiene entendido que debe ser quien tenga la última palabra, la «oficial», el veredicto que confirme o desmienta un caso, nunca aparecerá, y como el refutador sabe que esto es así, aprovechará para desmentir todo lo que pueda, sin que la referida autoridad —por ausencia— ponga en riesgo esa tarea desinformativa. Al saber que el público sólo le dará la razón al testigo cuando la «autoridad» convalide su testimonio (es decir, nunca), el refutador aprovechará ese vacío dejado para llenarlo como único beneficiario de la polémica.

  • 9- EL PRINCIPIO DE PROTAGONISMO MEDIÁTICO
    El testigo es alguien que ha tenido una experiencia concreta y la presenta; si va a los programas o le hacen entrevistas en medios gráficos, es porque él ha sido protagonista de algo. Ese protagonismo no se extiende más allá del hecho: cuando él lo expone en los medios de comunicación, dice haber protagonizado algo que pasó; ya no es «protagonista», a no ser mediáticamente, pero esto como producto de lo que verdaderamente le importa al público a nivel protagónico por parte del sujeto, y que es su vivencia. El refutador no ha participado en el hecho, no ha tenido protagonismo alguno en el caso que se está tratando, y sin embargo emite su juicio sobre lo que no ha visto. Su único «protagonismo» consiste en ser alguien públicamente conocido como contraparte de quien sea que exponga su experiencia personal; alguien invitado permanentemente a programas o consultado por la prensa gráfica «para que haya polémica», pues «hace falta» que alguien contradiga al testigo «para hacer más entretenido el show» (porque para los medios el asunto, por extraterrestre y trascendental que pueda ser para la humanidad es un «show» más, al cual exprimir durante los quince días que sea tema de actualidad). Por lo tanto, el refutador no puede competir en cuanto a protagonismo, con el rol protagónico del testigo en el hecho que relata; sólo puede poner en competencia su protagonismo mediático (que el público ya conoce y que es su aval) contra el protagonismo mediático del testigo, que es nuevo y escaso. En esta pugna, el escéptico sabe que lleva la mejor parte, porque él ya es «alguien» para el público desde hace tiempo, mientras que el testigo es «nadie»; «un buscador de fama», dirá el refutador para terminar por desacreditarlo.

  • 10- EL PRINCIPIO DE BORRADO DE ANTECEDENTES

  • Aunque son numerosos los casos en que no quedó otra explicación posible que la de naturaleza extraterrena, el refutador procurará que la memoria del público no sea reactivada, planteándole, en cambio, la tesis de que «nunca se demostró nada»; todos los testimonios que se aportaron a lo largo de décadas, para el refutador sencillamente «no existieron», y tratará de que eso crea el público. De esta manera, cada vez que la evidencia de un caso cubra las exigencias del público para ser creíble, en cualquier caso posterior ese antecedente será hecho olvidar por el refutador, haciendo que en estos temas siempre todo sea un repetido «volver a empezar». Pese a que los creyentes en la extraterreneidad del fenómeno OVNI suelen rondar los tres cuartos en las encuestas, el refutador planteará siempre las cosas como si acaso fuera cierto que «la gente no cree» o «duda», para simular que cuenta con respaldo de un «mayoritario» público escéptico o no definido, por falta de «evidencias», cuando justamente por abundancia de ellas el único público mayoritario es en realidad el creyente; realidad ésta que, con el borrado de evidencias en su discurso, el refutador pretenderá contradecir aún sabiendo la mentira de ello.

    Cada uno de esos principios puede resumirse en unos elementales «mandamientos»:


    DECÁLOGO DEL REFUTADOR

    1- Generarás polémica.
    2- Usarás datos que descalifiquen aunque puedan ser falsos.
    3- No verificarás si los datos usados son falsos.
    4- Asumirás abusivamente el rol de «contra» que el público espera que cumplas.
    5- Desacreditarás, aunque el público rechace lo que digas, hasta que termine por creerlo posible al olvidar que fue tuyo.
    6- Difamarás.
    7- Avalarás toda fuente «oficial», en complicidad con los poderes establecidos.
    8- Llenarás con tu labor descalificadora el vacío de autoridad en la materia.
    9- Desfilarás por los medios para que tu protagonismo en ellos se imponga sobre los desconocidos a que ataques.
    10- Repetirás siempre que «nunca nadie presentó prueba alguna», para convencer de ello a los no informados de las pruebas ya presentadas.





    12 de agosto de 2001
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