sábado, 18 de abril de 2009

1986: La Llegada de Clomro

EL ANTERIOR USUARIO DEL CUERPO QUE UTILIZO
Por el Comandante Clomro



CARACTERÍSTICAS Y FUNCIONES

La entidad que vivió todo lo que mis archivos de memoria registran desde que tomé el cuerpo que usó, tenía características y funciones muy definidas, dentro del programa que le fue asignado. Ese programa fue interrumpido cuando fue provocada su salida del cuerpo, razón por la cual, como al reemplazarlo me dieron un programa diferente del suyo, mis acciones irían a tomar cursos diferentes del que hubiera seguido la entidad si continuaba en este cuerpo. Obviamente, yo no estaría aquí haciendo lo que hago.



PROGRAMACIÓN

Si bien no se trataba de una entidad cuya mente física tuviera tendencia al mal, su programa a cumplir implicaba el desarrollo de funciones nada buenas. Por un lado, preservando los intereses de los planificadores de este mundo. Por otro lado, cumpliendo acciones no visibles ni claramente identificables ni siquiera por sí mismo en contra de la misión del grupo contactista al cual estaría programado para conocer e ingresar. En lugar de programar una entidad «espía» y conscientemente saboteadora de esa misión, la estrategia sería infiltrar una entidad cuya mente física aceptara como verdadero el mensaje cósmico del grupo contactado y deseara integrarse a él para cooperar con la causa. Mientras tanto, operaba para el otro bando con su parte energética o «espiritual», cuya mente funcionaba por separado de la otra (todos estamos desdoblados, teniendo como un «otro Yo» espiritual). Es decir, una buena persona con un alma no tan buena, o viceversa. Sin embargo, esa «alma» no era ni buena ni mala (en ese sentido yo tengo más maldad y más bondad que ella), porque se trataba de una entidad perteneciente a un tipo que, desde el momento de su «creación», no cumple procesos evolutivos basados en el sentir. Entidades de ese tipo son creadas sin sentimientos, para el cumplimiento de funciones que requieren lógica extremadamente precisa y toma de decisiones que no sean interferidas por emociones. Así como fabricamos máquinas de metal y plástico con «inteligencia artificial», en el cosmos pueden ser fabricadas máquinas de energía viviente, con «inteligencia natural»: propia. Tienen su hardware, pero también su propio software en potencia, por más que le sea instalado uno para fines específicos. Por eso pueden efectuar no sólo operaciones previstas por sus programadores, sino las que decidan por su cuenta. Producto de esto hubo casos de desprogramación a niveles tan imprevistos como el de una de estas entidades que, por contacto con variables fuertemente cargadas de estímulo energético de amor, comenzó a experimentar sentimientos, hasta dejar de ser «robótica». No olvidemos que pese al formato que se le dé a una entidad y al bloqueo que se le haga a sus potencialidades de sentir, éstas son inherentes a la esencia de toda entidad, desde el máximo Creador hasta la mínima partícula subatómica.


EMOCIONES

Cuando las entidades robóticas como la que poseía mi actual físico, son puestas en cuerpos humanos, su proyección mental en el plano tridimensional adquiere sensaciones y emociones que fuera de la materia no pueden poseer, y que la parte desdoblada que queda fuera del cuerpo físico, controlándolo, no posee, continuando con sus funciones lógicas, frías y precisas. Mientras que su parte operando mentalmente en el plano humano puede tener sentimientos y cometer imprecisiones. No obstante, siempre serán individuos de tendencia a la lógica, la precisión, la frialdad y dificultad de expresión de sentimientos, e incluso imposibilidad de sentir amor a niveles cósmica y espiritualmente elevados, llegando a experimentar apenas las pasiones humanas. Ejemplo de ellos son científicos, especialmente médicos y más en especial cirujanos; físicos, matemáticos, militares...


EL REEMPLAZO

La infiltración de esa entidad en el grupo contactista, no pudo ser detectada durante más de dos años, entre fines de 1983 y la noche del 20 de abril de 1986, en que fue descubierto quién era realmente. Debido a que su parte humana era considerada como «buena», en lugar de echar del grupo a quien estaba en este cuerpo que ocupo, con cuerpo y todo, fue decidido que el cuerpo y la mente permanecieran, siendo reemplazada la entidad ocupante. Solicitado el envío de un reemplazante que viniera con un programa positivo a cumplir, sucedió lo de mi descenso «por el batitubo», la transferencia de memoria «de cassette a cassette», y mi entrada al cuerpo. Es decir, tomo consciencia de que estoy entrando al cuerpo luego de un paréntesis de segundos que quedó registrado en mi memoria, en el cual hubo pérdida de conciencia, de toda sensación de existir. Fue eso lo que le pasó a la entidad saliente en el momento de abandonar el cuerpo: recuerdo la salida, como flotando, y la interrupción de la conciencia al desprenderse. El cuerpo estaba de pie y no cayó sin vida al piso al ser abandonado, porque durante los segundos de transición entre su salida y mi entrada, fueron mantenidas sus funciones vitales al ser gobernado por una persona que fue quien operó el procedimiento por el que se produjo el reemplazo. Esta operación la realizó por medio de poderes de esa persona que, hasta ese momento, ninguno de los que estábamos allí teníamos idea de que pudieran existir.


NUESTRAS FORMAS EN EL ASTRAL

La persona en cuestión era capaz de muchas cosas a niveles extradimensionales y energéticos; tenía trato y comunicación habitual con esa otra parte de nosotros que tenemos fuera del cuerpo y que tiene su propia mente, su propio código de comunicación y las memorias conscientes de sus vidas pasadas. Varios miembros del grupo, al igual que esta persona, llegaron a ver con sus propios ojos esta otra parte que tenemos. Generalmente, adopta horripilantes formas, mimetizada con el Bajo Astral que nos rodea. Si adoptara formas de diamantes, de flores o de pavos reales, duraría poco hasta ser atacada por monstruos energéticos que no permitirán que nada identificable con la luz y la armonía pueda existir entre la fealdad y oscuridad espiritual de esa dimensión; las entidades de formas horribles no tolerarían la presencia de otras que se distinguieran de ellas por tener bellos atributos.

He llegado a ver una de esas entidades y unas cuántas extrañas formas vivientes de ese Astral inferior, y doy fe de las monstruosidades que nos rodean y que estamos visualmente bloqueados de ver, seguramente para que no nos suicidemos o enloquezcamos. Eso somos en nuestro «otro Yo» extracorporal: monstruos energéticos y no resplandecientes ángeles. Las auras de nuestros campos bioeléctricos no tienen nada que ver con lo que estoy describiendo. El mundo físico es mucho más bello —pese a todo lo malo— que el mundo extramaterial que, con sólo fijar la vista cuando tenemos sueño, empezaremos a distinguir que realmente está a nuestro alrededor y que no es ninguna «ilusión óptica» o «alucinación».


LUEGO DEL REEMPLAZO

La persona en cuestión, entonces, podía ver a las entidades que son nuestra otra parte y hablar con ellas telepáticamente. Eso incluyó a quien poseía el cuerpo en que estoy, a quien terminó por descubrir y forzar a irse, a lo cual se resistió, pero sin éxito. Aquí estoy, producto de ello. No soy una entidad «cibernética» o robótica como la anterior, sino un ente con naturales facultades de sentir y creado para evolucionar dentro de la experiencia del Amor Universal. Sólo que en etapas existenciales anteriores a la actual, perdí el rumbo e involucioné en una experiencia ajena al Amor Universal y a sus leyes para la evolución. Así que entre el que estaba en este cuerpo y yo, el mas «malo» no era él. Pero el más capaz de ser «bueno», tampoco él lo era. Tratándose de un robot energético operando más allá del bien y del mal, no tengo nada que decir de él ni en favor ni en contra.
Como circunstancia desfavorable al heredar su mente física, me encuentro con una serie de limitaciones emotivas y de consecuencias de ello a nivel de personalidad y de inconvenientes físicos nerviosos y otros, que en eso me ponen una carga que soportar. Pero lo favorable del legado mental de esa entidad, no tiene menos peso, sino todo lo contrario: no quisiera haber sido otro que yo mismo así como soy en este plano. A muchos les hubiera gustado más que fuera un Di Caprio, una Britney Spearce o un Bill Gates, pero la información, las aptitudes y las posibilidades que encontré en este cuerpo con la mente que me tocó, han sido algo excepcional. No es para admirarme a mí mismo ni admirar la mente elaborada por mi predecesor en este cuerpo; no es cuestión de admirar nada, sino más bien de razonar y sentir lo que significa disponer de todas las variables mentales y circunstanciales que han determinado lo que por mi intermedio vaya a hacerse posible, sin contar lo ya logrado. Al final, de Leonardo veo películas, de Britney escucho su música y de Bill uso sus invenciones. Si hubiera sido uno de ellos, no podría valorarlos desde afuera. Tampoco hubiera podido cumplir un papel como el que cumplo. Porque si me hubiera tocado ser uno de ellos, estaría en medio de aplausos, fama y dinero, pero no de lo que en este cuerpo tuve la posibilidad de vivenciar y hacer al respecto de una realidad oculta, sobre el mundo y el Universo, de la que los referidos personajes afamados acaso se enteren alguna vez y les importe.


OTROS CASOS

Hay muchos casos de entidades que han tomado un cuerpo reemplazando a la que estaba; por ejemplo, durante el sueño, durante enfermedades o en accidentes. En ese aspecto soy uno de los tantos. Pero la forma, consciente, de pie, en que fue hecha salir de un cuerpo físico la entidad ocupante, para hacer entrar a otra, por mediación de alguien que indujo y controló la transición con su propia mente y energía, ocurrió —según se me dijo— «por primera vez en el universo» en aquella noche del 20 de abril de 1986. Me tocó a mí. No me pregunten por qué se me eligió, y no a otro privilegiado. Días después, se le hizo lo mismo a otros dos. Después esto se dejó de hacer —al menos hasta donde supe— durante los años siguientes.

La inexistencia de antecedentes de un reemplazo tal, es una de las razones por las cuales suelen decirme que esto es imposible, que no puede ser cierto que haya ocurrido, porque sería «contradictorio con las leyes del karma», que «violaría el libre albedrío de la entidad que estaba en el cuerpo». No comprenden que esto se hizo justamente contra tales leyes kármicas y pese a toda ausencia de antecedentes, porque este mundo está siendo intervenido de tal forma, que han empezado a ocurrir acontecimientos que no responden a ninguna regla para esta clase de mundos, establecida por quienes los manipularon. Y, sobre todo, porque aunque acá abajo no se note, allá arriba hay una guerra con extensiones a nuestra realidad, donde pueden poner o sacar cada bando piezas del juego, contra el «libre albedrío» de quien sea que no quiera salir de un cuerpo. No hay tratado que valga en esta guerra: ambos bandos se toman atribuciones violatorias a sus respectivas reglas. El bando que ideó este mundo violó todas las Leyes Universales de la Evolución en el Amor. Así que si estableció «leyes kármicas y libres albedríos» según sus reglas, el bando que me envió a este cuerpo no tenía por qué no violar esas reglas, sacando a su usuario y poniéndome en reemplazo, según las reglas del Universo y no las de un mundo corrupto. Claro que, paradójicamente, en vez de poner en mi lugar a un Jesucristo ejemplar de la Ley Suprema, me ponen a mí, ex-cómplice de las reglas de este mundo y de toda la mentira aquí orquestada. Pero tal vez haya sido mejor elección que un Mesías: alguien tenía que venir a confesar sus pecados cósmicos y desenmascarar el gran engaño, porque mensajeros «de la luz», buenitos y santitos, con tal carta de presentación en sus prédicas, hubo y sigue habiendo demasiados.

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