domingo, 11 de enero de 2009

La Cagá Que Se Viene

Por Xentor Xentinel


Lo siguiente fue escrito por mí, y publicado en dos partes en el semanario juvenil «El Kiosko de la Esquina», en Agosto de 1997, bajo el pseudónimo de Yarel Zolkir, con el que fui conocido entonces.


«El círculo de unidades así agrupadas de forma conveniente va a ir creciendo en circunferencias concéntricas hasta que al final llegue a abarcar el mundo entero» (Mahatma Gandhi).

Una espiral de Cultura Emergente Acelerada se ha ido gestando mediante una red invisible de conecciones de información resonante. Es la Cadena de Amor de Timothy Leary, la Red Cuántica de Sincronicidad de Johanna Watts, la Conspiración de Acuario de Marilyn Ferguson, la Shanga Budista, la Ola Tarika Sufí, las Unidades Móviles Inteligentes de Robert Fripp, el Arte Planetario de José Argüelles, o simplemente, La Cagá Que Se Viene... Todo eso y más es lo que está a punto de estallar. Es algo que sólo corre a través del Corazón de Fuego de los Elegidos.

Algo que un Solitario tuvo oportunidad de sentir en medio de una Ronda de Libertad en plena protesta universitaria. Las calles paralizadas, las Fuerzas del Orden (ésta vez sin el uso de la Represión) desviando el tránsito, los muchachos y muchachas tomados de la mano, cantando y girando en círculos como en los alegres y olvidados tiempos de la infancia.

Parejas improvisadas que salían a bailar en medio de la ronda. Una muchacha se acercó a acariciar a un perro, y otra que se atrevió a hablarle a este triste Lobo Solitario, sin preguntarle antes ni su nombre, ni su función, ni posición social; nada de dónde vives, qué estudias, donde trabajas, sólo un simple: «¿Cómo estás? ¿Por qué no sales a divertirte con los demás?». Fue una comunicación abierta, de Espíritu a Espíritu, mirándonos a los ojos, regalándonos nuestras sonrisas.

Allá, la ronda se desarmaba momentáneamente, para dar paso a un gran partido de fútbol, idea que surgió a partir de un simple tarro viejo... Y lo más extraordinario: sin insultos, sin peleas. Todo era absoluta hermandad y compañerismo, en medio de risas, cantos, gritos...

En realidad, todo aquello era más que una simple protesta universitaria. Era el Espíritu Humano contra la Máquina. David venciendo a Goliat. El agua tibia de la Primavera derritiendo las terribles y pesadas masas de hielo, que parecían invencibles. Era un Corazón de Fuego palpitando a todo reventar. El Espíritu Dionisíaco zapateando sobre el Apolo opresor. La Creatividad espontánea, contra la asfixiante monotonía rutinaria, donde tan a gusto se acomodan los conformistas. Y todo esto ocurría en una de las arterias principales de Temuco, donde los camiones y Empresas dieron paso a la Libertad de Expresión.

Era lo que aquel Lobo Solitario volvió a sentir en medio de un gran orgasmo sonoro que significaba «¡ARAUKO DE PIE!»... Pudo haber sido una tocata más, una de tantas, de esas donde llegan varias bandas... Pero había un conjunto nuevo.

«Nunca habíamos actuado con tanta gente», dijeron.

«Como verán, nosotros no ensayamos ni una weá, pero EL SENTIMIENTO ES LO QUE IMPORTA», dijeron también.

«¡MARRICHIWEU!» [«Diez Veces Venceremos», Grito de Guerra Mapuche], dijeron como mil veces, y con una rabia y una entregades conocidas hasta el momento.

«...Y si les gusta la weá no más. Si no, se van a la chucha», amenazaron.

Pero gustaron. Se quedaron. Y sacudieron la conciencia de todos los presentes. De los tantos que habían ido meramente a «carretear» y pasarlo bien, de pronto un rayo poderoso atravezó sus sienes con una terrible y redentora orden: «¡¡REVOLUCIÓN!!».

Un gran cartel cubrió el escenario, cubriendo al principio la identidad de aquellos Terroristas Musicales. Un cartel que, sin diplomacia ni miramiento alguno (para qué ponerse colipato aestas alturas) gritaba las Conciencias: «TENEMOS QUE KAGAR A ESTE SISTEMA REKULIAO».

Canciones fuertes, mensajes simples, hicieron lo que otros grupos «consagrados» no habían sido capaces de hacer aquella noche: agitar los corazones de cientos de apáticos y gente aparentemente sin ideales. De pronto, todos se miraban, se sonreían y parecía que todos estábamos pensando lo mismo: que estos chicos tenían razón. Y de pronto, todo el público se encontraba gritando, aplaudiendo, riendo, saltando...

«Kila Wechafe», se llamaban estos revoltosos. Uno cantaba a todo pescuezo, otros hacían coros, uno le pegaba a un tarro, otro hueviaba con una inmensa bandera. De pronto, el vocalista, en medio de un ácido discurso improvisado chutea un tarro, que va a parar a la con... lejos, y la música se reanuda. Simplemente maravilloso. Simplemente colosal. Simplemente indescriptible. Sintomas de «La Cagá Que Se Viene»...

¿Y ustedes creen que esto sólo estaba ocurriendo en Temuco? Eventos similares ocurrían por todo el país... Pero no era sólo el país. Parecía que el mundo entero estaba despertando y miles de Corazones de Fuego lo estaban sintiendo...

Como me comentó RxHxAx, de Kila Wechafe: «La Salvación es gratis, y ¡¡TODOS SOMOS!!».


YAREL ZOLKIR
Agosto de 1997

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