sábado, 24 de enero de 2009

Decálogo del Refutador

Fenómenos comprobablemente extraterrestres
CÓMO PROCEDE EL REFUTADOR PARA DESMENTIRLOS
La paradoja de la refutabilidad de lo irrefutable

Por el Comandante Clomro.


Ante cualquier caso OVNI cuyos testimonios y evidencias físicas puedan demostrar su naturaleza extraterrestre, es muy sencillo hacer que la gente dude o de plano no crea, y los refutadores saben muy bien cómo manejar la información para que eso suceda. Como «guía para el aprendiz de refutador» (escéptico y ocultador de la verdad), hay una serie de principios infalibles para desmentir casos, desprestigiar testigos y lograr incredulidad pública, que se han venido dando de Roswell en adelante. Para quien desee ser, desde abajo, un eficiente colaborador de los altos niveles de desinformación pública, aquí tendrá las orientaciones necesarias.


LOS DIEZ PRINCIPIOS DE LA ACTIVIDAD REFUTADORA

  • 1- EL PRINCIPIO DE TENDENCIA A LA POLÉMICA
    Si alguien presenta un testimonio, el público estará bien predispuesto a darle crédito sin objetar lo que diga, en tanto nadie presente una versión que ponga en duda su palabra. El refutador sabe que «llevar la contra» llama la atención (debido a la natural tendencia del público a prestar oídos a la polémica), por lo que cuenta con la ventaja de que su desmentida, por infundada que sea, colocará en duda los argumentos de la fuente a refutar, por sólidos y comprobables que ellos sean.

  • 2- EL PRINCIPIO DE MANEJO DE DATOS Y RUMORES FALSOS
    Convertir un tema por evidencias indiscutible, en arena de la discusión, no prosperaría, haciendo a esa arena estéril para el refutador, si ella no fuera irrigada y fertilizada con datos y rumores —verdaderos o falsos, no importa mientras sirvan al propósito— que induzcan al público a la duda o el descrédito. En caso de comprobarse la falsedad de los datos, el refutador, con sólo admitir «haberse equivocado», quedará libre de culpa, pero el daño ya estará hecho y habrá logrado su propósito de convertir en cuestionable al blanco de su ataque.

  • 3- EL PRINCIPIO DE NO OBLIGATORIEDAD DE VERIFICACIÓN DE DATOS Y RUMORES DE DESCRÉDITO
    Si las versiones que descalifican al testigo son ciertas o no, al refutador, el público no le exige que lo verifique, porque da por sentado que si está para refutar, usará cualquier argumento para mantener su oposición, por dudoso que sea. Como el refutador sabe que el público le da este handicap, lo aprovecha sosteniendo lo dudoso que desacredita al testigo hasta que del lado de éste alguien demuestre lo contrario. La «obligación» de demostrar la falsedad de los datos o rumores contra el testigo, para el refutador —y para el público— es tarea de aquél y de quienes lo apoyen.

  • 4- EL PRINCIPIO DE CONCESIÓN PÚBLICA DE FACULTADES PARA DESACREDITAR AL TESTIGO Y LA EVIDENCIA
    El refutador usa y abusa de cualquier trascendido infundado con que pueda cumplir su labor descalificadora, sin que nadie le exija un manejo serio y responsable de la información, porque él es conciente de que está públicamente conceptuado como ni serio ni responsable en tal manejo. El público le hace al refutador esa concesión, porque comprende que alguien debe cumplir el rol de aportar todos los elementos contrarios a lo que expone el testigo, siendo que la gente toma al refutador no como un evaluador de esos elementos, sino como mero instrumento para que ellos sean dados a publicidad y luego sean evaluados por quienes tengan la función de esclarecer el asunto. No se ve al refutador como un «esclarecedor», sino como alguien que propone otro punto de vista, que propicia la confusión, de la cual, duda mediante, deberá salir la claridad, pero no a través de él ni del testigo, sino de la referida «autoridad» cuya palabra final siempre quedará en suspenso. Y el refutador saca máximo provecho de esto, dejando para sus antagonistas la verificación de los datos, mientras que él se limita a divulgarlos sin necesidad de verificar absolutamente nada.

  • 5- EL PRINCIPIO DE IMPERSONALIDAD DE LAS VERSIONES DESCALIFICADORAS
    Si bien el refutador es públicamente considerado (por la mayoría) como un mediocre de mente cerrada, e inclusive en ciertos casos un agente encubierto de ciertas organizaciones ocultadoras de evidencias extraterrestres (sea esto cierto o no), no por eso lo que introduzca al debate sobre un determinado caso va a carecer de efectos devastadores para la credibilidad de lo que se discute. Porque llega un momento en que, para el público, en cuanto a datos o rumores contra lo atestiguado, no queda ni claro ni recordable quién lo dijo —es decir, el refutador, lo que sería suficiente para no creer en lo que él diga—; quedará como que «se dijo», no importará por vía de quién. Lo que el refutador dijo, ya no queda estrictamente ligado a su persona: asume autonomía, termina siendo «de nadie», algo impersonal dando vueltas de boca en boca, que no se sabe de dónde salió, pero que quedará instalado como una opción a tener en cuenta a lo largo de la discusión, incluso a lo largo de los años.

  • 6- EL PRINCIPIO DE DIFAMACIÓN
    Si el testigo es alguien de inobjetable calidad humana, y aparece un rumor que ponga en duda su reputación (y credibilidad), el refutador no comprobará la veracidad del rumor, y lo reproducirá. De toda versión que contradiga a ese rumor y que apoye la buena honra de la fuente, el refutador no hará la mínima mención.

  • 7- EL PRINCIPIO DE EXPLOTACIÓN DE DESMENTIDAS «OFICIALES»
    Si voceros gubernamentales, militares u otros hacen cosas tales como cambiar en el sitio del incidente aéreo, la evidencia de restos metálicos extraños (luego desaparecidos sin rastro...) por un globo sonda, o comunicar que el objeto zigzagueante era un nuevo prototipo de tal base aeronáutica, el refutador sabe que apoyando lo dicho por esas fuentes, no necesitará argumentos propios para oponerle al caso en cuestión. Por lo tanto deberá sacar partido de todo lo que «oficialmente» se comunique para desmentirlo. Esto le dará una imagen de «respetabilidad» (e inmunidad) por parte de las «autoridades», y le abrirá puertas en los medios de comunicación donde será considerado «serio», pese a que para el público esa complicidad con los poderes establecidos sea carente de toda seriedad investigativa.

  • 8- EL PRINCIPIO DE USUFRUCTO DE LA AUSENCIA DE AUTORIDAD CON VEREDICTO FINAL
    El refutador no tiene la mínima autoridad para desmentir una prueba: eso es algo que, según el público tiene entendido, debe ser determinado por alguna autoridad en la materia. Pero el refutador sabe que su tarea estará cumplida: habrá hecho que lo indiscutible fuera puesto en discusión, y con ello será suficiente para él, pues agitadas las aguas, por más que muchos le hayan creído al testigo, también serán muchos los que no sepan qué creer.
    Esa «autoridad» que la gente tiene entendido que debe ser quien tenga la última palabra, la «oficial», el veredicto que confirme o desmienta un caso, nunca aparecerá, y como el refutador sabe que esto es así, aprovechará para desmentir todo lo que pueda, sin que la referida autoridad —por ausencia— ponga en riesgo esa tarea desinformativa. Al saber que el público sólo le dará la razón al testigo cuando la «autoridad» convalide su testimonio (es decir, nunca), el refutador aprovechará ese vacío dejado para llenarlo como único beneficiario de la polémica.

  • 9- EL PRINCIPIO DE PROTAGONISMO MEDIÁTICO
    El testigo es alguien que ha tenido una experiencia concreta y la presenta; si va a los programas o le hacen entrevistas en medios gráficos, es porque él ha sido protagonista de algo. Ese protagonismo no se extiende más allá del hecho: cuando él lo expone en los medios de comunicación, dice haber protagonizado algo que pasó; ya no es «protagonista», a no ser mediáticamente, pero esto como producto de lo que verdaderamente le importa al público a nivel protagónico por parte del sujeto, y que es su vivencia. El refutador no ha participado en el hecho, no ha tenido protagonismo alguno en el caso que se está tratando, y sin embargo emite su juicio sobre lo que no ha visto. Su único «protagonismo» consiste en ser alguien públicamente conocido como contraparte de quien sea que exponga su experiencia personal; alguien invitado permanentemente a programas o consultado por la prensa gráfica «para que haya polémica», pues «hace falta» que alguien contradiga al testigo «para hacer más entretenido el show» (porque para los medios el asunto, por extraterrestre y trascendental que pueda ser para la humanidad es un «show» más, al cual exprimir durante los quince días que sea tema de actualidad). Por lo tanto, el refutador no puede competir en cuanto a protagonismo, con el rol protagónico del testigo en el hecho que relata; sólo puede poner en competencia su protagonismo mediático (que el público ya conoce y que es su aval) contra el protagonismo mediático del testigo, que es nuevo y escaso. En esta pugna, el escéptico sabe que lleva la mejor parte, porque él ya es «alguien» para el público desde hace tiempo, mientras que el testigo es «nadie»; «un buscador de fama», dirá el refutador para terminar por desacreditarlo.

  • 10- EL PRINCIPIO DE BORRADO DE ANTECEDENTES

  • Aunque son numerosos los casos en que no quedó otra explicación posible que la de naturaleza extraterrena, el refutador procurará que la memoria del público no sea reactivada, planteándole, en cambio, la tesis de que «nunca se demostró nada»; todos los testimonios que se aportaron a lo largo de décadas, para el refutador sencillamente «no existieron», y tratará de que eso crea el público. De esta manera, cada vez que la evidencia de un caso cubra las exigencias del público para ser creíble, en cualquier caso posterior ese antecedente será hecho olvidar por el refutador, haciendo que en estos temas siempre todo sea un repetido «volver a empezar». Pese a que los creyentes en la extraterreneidad del fenómeno OVNI suelen rondar los tres cuartos en las encuestas, el refutador planteará siempre las cosas como si acaso fuera cierto que «la gente no cree» o «duda», para simular que cuenta con respaldo de un «mayoritario» público escéptico o no definido, por falta de «evidencias», cuando justamente por abundancia de ellas el único público mayoritario es en realidad el creyente; realidad ésta que, con el borrado de evidencias en su discurso, el refutador pretenderá contradecir aún sabiendo la mentira de ello.

    Cada uno de esos principios puede resumirse en unos elementales «mandamientos»:


    DECÁLOGO DEL REFUTADOR

    1- Generarás polémica.
    2- Usarás datos que descalifiquen aunque puedan ser falsos.
    3- No verificarás si los datos usados son falsos.
    4- Asumirás abusivamente el rol de «contra» que el público espera que cumplas.
    5- Desacreditarás, aunque el público rechace lo que digas, hasta que termine por creerlo posible al olvidar que fue tuyo.
    6- Difamarás.
    7- Avalarás toda fuente «oficial», en complicidad con los poderes establecidos.
    8- Llenarás con tu labor descalificadora el vacío de autoridad en la materia.
    9- Desfilarás por los medios para que tu protagonismo en ellos se imponga sobre los desconocidos a que ataques.
    10- Repetirás siempre que «nunca nadie presentó prueba alguna», para convencer de ello a los no informados de las pruebas ya presentadas.





    12 de agosto de 2001
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